Thursday, May 1, 2008

El río desnudo


Volví a entrar por la puerta de atrás
sin saber que era inevitable el ruido
de las tres bisagras oxidadas,
pero evité emitir palabra alguna
y cerré para siempre mi habitación.

Cansé hasta gritar,
acomodé lo ya puesto
en compás de colchón,
en canción de almohadas.

y no dudé en mantener apagada la luz
hasta ver el crucifijo brillando
encima de la sucia cama.
no tuve elección.

Sólo rendir la mirada
hasta bajar la persiana,
mantener la sonrisa,
El rosario y el pantalón.

Comí sin dignidad
lo que quedaba de mi presa,
hasta que resulté solo
y no me quedó nada más
que el silencioso dios de la pared

Que me hizo animal
el instinto de sentir.
nunca supe si me habló él
o las ardillas del placar.

Y en lugar de ignorar la voz
preferí enloquecer y responder a sus palabras,
que materializaban el más sublime misticismo
en el mundo sepia de mis sentidos.

Y lo acepto, faltó.
las penas con fresas,
sus tardes vistiendo al río
con sus mejores faldas,
no fueron suficientes.

Y me pregunto si acaso
todo aquello no fue un sueño…
quizás sólo deba abrir la puerta
y enfrentar se súbito la vida.


Por Cotonetes Joe y Zaratustra

Friday, February 15, 2008

CHARNELA

Blasfemo por deseo de quien te creo.
Error cortante,
Homosexual de un producto en serie,
Libre de tener límites,
Soñador al pie de la letra.

Cruel y bella indecisión,
Pecador por indiferente,
Pensador de una saliente.
Puerta ambigua,
Caso no del todo cerrado.

Cotonetes Joe



Tuesday, December 11, 2007

Sopa a los fideos


Ultima que preparo,

Los fideos quedan en la garganta

Y no puedo seguir,

No puedo tragarme la entrepierna.


La zona inglesa vende la imagen,

El cuerpo a una sola prenda;

La anfetamina.


Por segunda vez lo intento,

La tercera espera en una esquina,

Tiene falda, rubor y un velo negro.


No es fácil saber que voy a caer,

Subiendo al negro por el blanco;

Ese que me mueve Y me guía.


Que me muerde al final del orgasmo,

Que me dice que soy ella,

Que le dieron las once a la madrugada,

Que me come por detrás mientras duermo,

Que no me deja pasar saliva, mientras respira en mí.

Polvos mágicos y conjuros inconclusos I


Sin muchos rodeos me cayó encima, como la típica adolescente mojigata, reprimida y desesperada por conocer un mundo que sólo habría visto de lejos en sus más íntimas y sucias fantasías. Pero ella no era así; era una fiera libre y de un zarpazo me lo demostró, rebosante de feromonas me atacó y yo no opuse resistencia.

Cerrando los ojos con un gemido abismal en el que me despedí del mundo, me perdí en su mano tibia acariciando una entrepierna que se alimentaba del mismo fuego que sus garras. Cuando abrí los ojos, sus pezones rojos y palpitantes, como corazón orgulloso henchido de sangre, abrazaban, y por momentos golpeaban mi rostro, y sus golpes eran como latigazos del más apretado algodón.

Como un neonato con su voraz instinto de supervivencia, agarré una de sus suaves madejas de carne y me la llevé a la boca, deseando alimento, haciéndome líquido y despacioso, embelesado, como un mar de agua dulce. Ansiando saborear los jugos que brotaban de su cuerpo me encontré con su ingle impúber, de vellos rubios y escasos. Era como un buen café caliente, pero con otro sabor; como una boca inmóvil que esperaba que mi lengua invadiera su morada, sus oscuras cuevas, pero con otro aroma.

No sé si gemía, reía, o rugía, pero sus ruidos de pantera en celo me hacía querer con insuperables ansias embadurnarme la cara con su esencia más preciosa y más escasa, pero abundante por esta noche. Sus dedos, mientras tanto, se enredaban en el desorden de mi pelo, y alargaba sus piernas sobre mi espalda de esclavo colonial, haciendome preso de esa cárcel a las que todos llegan pero ninguno quiere escapar, un calabozo en el que, por qué no, me hubiese gustado morir.

Cuando levanté la vista, todos mis sentidos volvieron al resto de ella, y su ombligo pareció pronunciar mi nombre, su bello ombliguito perfumado y lampiño se encontró con mi saliva, se ahogó en mi boca y estuvo a punto de contarme toda sus historia de no haber sido por otro zarpazo al que me rendí sin protestar... y enseguida su lengua feroz y su garganta profunda y estrecha conspiraron en caliente contra mi baluarte más primitivo e indefenso. No supe ya quién estaba dentro de quién.

Cuando, sin quererlo, liberó mi virilidad del sitio de su cavidad bucal, me armé de valor para invadirla de mí, y al estar dentro lloré de belleza sin que ella lo notara por la intensidad de su placer y la silente sutiliza de mis dos lágrimas; se retorcía pegada a mí como si estuviera pariendo mundos, como regalando su alma. Todo terminó con una sola explosión, una lluvia, dos suspiros y un orgasmo compartido.

Hoy sigo en la misma cama, sin ella, pero aún sucio de ella y con su orgasmo en mí, con la puerta entreabierta, esperando que ella llegue de nuevo antes que la muerte.

Saturday, November 10, 2007

Monólogos de Frida (Primera Parte)


Su tez morena; su olor a puta de esquina; la voz de cantante de taberna; las barbas anchas y piojosas; su sombrero de copa alta roído por los ratones; sus orejas musculosas y rosadas; dos dientes quebrados por el metal; su cuello pulgoso y oscuro por el mugre de sus manos largas y estrechas; sus dedos como sanguijuelas blancas con costuras de colores; sus piernas cortas y malformadas, dos columnas con pinturas de vándalos jóvenes calvos; sus pies como tranvía, uno que no se llame deseo y sea automático y a gas; su mirada pútrida como la de un perro cuando lo apuñalas, como un punto blanco en un infinito color rosa.
Veintitrés sucios años al lado de un monstruo de siete cabezas y media, siendo esclava de un emperador que no tiene todavía vello en la ingle, queriendo ser una gran estatua cubierta de mierda de pájaros sin plumas y sin pico y sin ojos. Y cómo mete sus cochinos dedos en mi con sus uñas holgadas y punzantes como la mirada de aquel mismo perro que apuñalas, rasgando mi interior, cortando y volviendo a cortar la cicatriz que me dejó la uña del dedo de la semana pasada. Su imperdonable gusto por la música bailable que canta algún gitano drogadicto y casposo, como todos, gritando cualquier par de barrabasadas para transformar un sueño pequeño y en pijama a una posibilidad de eyacular en la persona que se para en la esquina de la casa de tu mejor amiga en una fiesta gay, como un pedazo de tierra infinito donde la brújulas no funcionan y los pequeños duendes albinos te desvalijan, llevándose tus recuerdos más indigentes, violando un pedazo de ti que nunca te habías conocido. Su cuerpo un basurero como los que ves en las películas que ganan un premio con el nombre del vecino ó del que atiende la tienda de la esquina, donde todo es más caro, y donde todos tienen un ligero acento del interior.
Y no hablemos de lo que es porque puede hacernos mal a ti y a mí, basta con decir que es más perverso que un comediante peruano de los que tienen bigote y un collar con las fotos de la virgen en el pecho donde la camisa deja entrever su hombría en forma de gusano enjuto, como los que aparecen en tu cereal cuando regresas de vacaciones, vacaciones en la mitad de la nada porque estabas muy drogado tratando de recordar una niñez que fue ultrajada y nunca dijiste nada, tus labios se sellaron como los paquetes que envían de un lugar a otro con cosas innecesarias como las que tienes debajo de la cama con las cartas de el amor que ya pasó, ese que no era más que sexo puro, de esos que tienen espinillas sonrientes.

Monday, November 5, 2007

Soulless Fog

SOULLESS FOG

"Incluso el vicio se convierte a veces en un motor de la interminable búsqueda humana. Buscamos, vagamos por el mundo aferrándonos a alegrías rotas y a satisfacciones tan fugaces como el sexo para las gallinas. Y buscando desechamos, perdemos, desaprovechamos y morimos felizmente atados."

"Even a vice can become an eternal search of our true self; we search, we roam the World grabbing on the broken cheer and the glimpse of satisfaction like the rooster’s intercourse. And as we look we trash and loose, we waste and die happily tied."